¿El dengue es un problema solo de nuestro país? ¿Qué se espera en los años venideros respecto a su transmisión? ¿Qué podemos hacer nosotros para prevenir?

Mientras la pandemia desatada por el coronavirus mantiene alerta a todo el planeta, Argentina, América Latina y el mundo atraviesan una preocupante propagación de otra enfermedad que amenaza la salud pública: el dengue.

Solo en nuestro país, entre julio del año pasado y mayo de este año, se confirmaron 49.525 casos —de acuerdo al último Boletín integrado de vigilancia del Ministerio de Salud de la Nación—, representando el brote de dengue de mayor magnitud que se haya registrado hasta el momento.

A nivel continente, se reportaron más de 1.6 millones de casos en América en los primeros cinco meses del 2020, llamando la atención sobre la necesidad de continuar eliminando los mosquitos vectores de enfermedades, de reducir la transmisión y de esforzarse por identificar predictores tempranos de la enfermedad en el nivel de atención primaria.

A nivel global la situación no es muy distinta. Un estudio de la revista Nature publicado el 10 de junio sostiene que la infección viral se extendió por todo el mundo en los últimos 60 años y ahora afecta a más de la mitad de la población mundial. Como si esto no fuera suficiente, se espera que el rango geográfico se expanda aún más debido a los fenómenos mundiales en cursoincluidos el cambio climático y la urbanización.

El dengue es una infección viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti, originario de África, que llegó al hemisferio Occidental al principio de las exploraciones y la colonización de América.

No está del todo clara la etimología del término «dengue», pero se cree que podría provenir de la palabra suajili «dinga«, que significa «ataque de calambre causado por un espíritu maligno», lo que describe el sufrimiento del paciente con un fuerte dolor de huesos.

Las personas que tienen síntomas de dengue, como fiebre y dolores de cabeza severos, deben buscar atención médica y estar atentos a las señales de advertencia de severidad, como vómitos persistentes, dolor abdominal intenso y mareos. Aunque rara vez resulta mortal, la enfermedad puede evolucionar hasta convertirse en un cuadro potencialmente mortal llamado «dengue grave».

Síntomas.

La distribución mundial actual y futura 

Con un estimado de 10.000 muertes y 100 millones de infecciones sintomáticas por año en más de 125 países, aproximadamente la mitad de la población mundial vive actualmente en áreas ambientalmente adecuadas para la transmisión del dengue.

Estas tendencias globales, en combinación con el aumento de las temperaturas atribuido a la crisis climática, aumentaron la preocupación de que su transmisión se intensifique en áreas ya endémicas a través de una amplificación viral más rápida, una mayor supervivencia del vector, mayor reproducción y mayor tasa de mordeduras, lo que en última instancia conduce a temporadas de transmisión más largas y a un mayor número de infecciones, más de las cuales se espera que sean graves.

El aumento de las temperaturas puede exacerbar aún más esta situación, a su vez, al permitir una mayor propagación y transmisión en partes de bajo riesgo o actualmente libres de dengue de Asia, Europa, América del Norte y Australia.

En este sentido, los expertos señalan que la mayoría de las proyecciones mundiales existentes sobre el dengue anticipan altos niveles de idoneidad ambiental —probabilidad de observar el dengue a largo plazo dado el estado del ambiente en un lugar determinado— en gran parte del sureste de Estados Unidos, el centro de México, las áreas del norte de Argentina y las áreas del interior de Australia. También es probable que muchas de las ciudades más grandes en la costa este de China y Japón sean adecuadas para la transmisión para el 2050.

Por otro lado, sostienen que el continente que probablemente verá el mayor cambio en el riesgo de dengue es África, en gran parte debido a temperaturas más favorables y al aumento de las precipitaciones.

«A nivel mundial, pronosticamos que 2.25 mil millones de personas más estarán en riesgo de dengue en 2080 en comparación con el año 2015, lo que elevará la población total en riesgo a más de 6.1 mil millones, o 60% de la población mundial», explican.

Y continúan: «El trabajo futuro debe incluir escenarios de intervención basados en herramientas actuales (insecticidas y reducción de sus fuentes) y emergentes (vacuna, técnica de insectos estériles y uso de Wolbachia). Una rápida expansión global del dengue plantea un desafío tanto para los funcionarios de salud pública como para los encargados de formular políticas, lo que hemos demostrado que es probable que ocurra en todos los escenarios climáticos».

¿Qué podemos hacer?

Hoy por hoy, el único método para controlar o prevenir la transmisión del virus consiste en luchar contra los mosquitos vectores. Y estar encerrados en casa durante la pandemia también es una buena oportunidad para limpiar los criaderos de mosquitos, como contenedores de agua descubiertos, llantas viejas y basura con cualquier recipiente que pueda retener agua.

La OMS, por su parte, recomienda:

  1. evitar que los mosquitos encuentren lugares donde depositar sus huevecillos aplicando el ordenamiento y la modificación del medio ambiente;
  2. eliminar correctamente los desechos sólidos y los posibles hábitats artificiales;
  3. cubrir, vaciar y limpiar cada semana los recipientes donde se almacena agua para uso doméstico;
  4. aplicar insecticidas adecuados a los recipientes en que se almacena agua a la intemperie; 
  5. utilizar medidas de protección personal en el hogar, como mosquiteros en las ventanas, usar ropa de manga larga, repelentes, materiales tratados con insecticidas, espirales y vaporizadores;
  6. mejorar la participación y movilización comunitarias para lograr el control constante del vector;
  7. durante los brotes epidémicos, las medidas de lucha antivectorial de emergencia pueden incluir la aplicación de insecticidas mediante el rociamiento.
  8. se debe vigilar activamente los vectores para determinar la eficacia de las medidas de control.

Si todos actuamos sistemáticamente para eliminar los hábitats de mosquitos, podemos reducir el riesgo de transmisión.