El humano araña

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El frío invierno sigue su curso, mientras muchos padres “pelean” por el abrigo con sus hijos.

“No tengo frío, ma!”, es una respuesta frecuente. Parece que los pequeños tienen un termostato diferente.

“Hola, Martina”, digo a una hermosa niña de cuatro años que entra con el disfraz del Hombre Araña

“¡Qué lindo te queda!”, acoto, mientras me da un beso.

“Soy la Mujer Araña”, dice sentándose al lado de su madre.

La mamá me traslada dudas por las vacunas y yo disuado sus temores. Respondo por versiones que aparecen en internet, escena que se repite cada vez más entre los pediatras.

Así como internet modificó aspectos de la vida moderna, también nos toca presenciar la ruptura paulatina de moldes.

Ya no hay juguetes exclusivos para varones o nenas. Hay –creo que así debió ser siempre– juegos para que disfruten y los ayuden a crecer.

Las sociedades van cambiando y los niños deben ser libres para poder jugar a lo que más les guste.

Los padres, las familias, las escuelas, deberemos ir adaptando nuestras miradas. ¿Deben existir juegos para nenas que no puedan jugar varones? ¿El fútbol es un deporte sólo para hombres? Evidentemente no. Acabamos de emocionarnos con la selección de fútbol femenino.

Aunque parezca increíble, quedan cambios en las cabezas y en los corazones que debemos hacer.

Tal vez debamos preocuparnos más por ayudarlos a ser felices, aún a costa de resignar el plan que para ellos habíamos soñado.

La realidad mil veces nos obligará a cambiar nuestras ideas u opiniones; si es para acompañar a nuestros hijos, debería ser más fácil.

Martina, la Mujer Araña, cambiará mil veces de juego hasta que sea más grande. O bien puede seguir prefiriendo usar el disfraz del Hombre Araña o ser jugadora de fútbol o de rugby. O tenista.

Tal vez no cambien el nombre del Hombre Araña, pero quizás sería mejor que se llamara el “Humano Araña”.

*Pediatra

Humano Araña. (La Voz)

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